Legados: Generaciones en tránsito
Nunca conocí a mi abuela. Ella murió cuando yo
apenas contaba con un año de vida. Era 1976 y sin
embargo, desde niña me pregunté quién era ella, y
escuchaba con inusitado interés, las historias que mi
madre me contaba sobre su vida y costumbres. He
llegado a quererla a través de los recuerdos de las
personas que más la amaron. Se llamaba Antonia.
Tuvo catorce hermanas, un hermano y nueve hijos.
Dos varones murieron siendo niños y de los siete
restantes, mi madre fue la única hembra.
Su hija, Asunción, mi madre, se casó a los 21 años
tras un noviazgo entre cartas que duró dos años y
tres meses. Ella creía en los cuentos de princesas, y
llegó a Madrid recién casada, embarazada de un día
y creyendo que el matrimonio era para toda la vida.
La casa, la cocina y sus tres hijos conformaban su
mundo. Con 57 años, y sin trabajo remunerado, decidió
afrontar su ruptura matrimonial, –y los qué
dirán–, y abrió una tienda propia que aún conserva.
Hoy, mi madre y yo limpiamos la casa de Madrid
antes de ir a pasar las vacaciones al pueblo, se llama
Huéscar. Me detengo ante la fotografía de mi abuela,
presente en cada una de las casas de sus siete hijos.
Evadida del mundo, me miro en su mirada, buceo
en sus rasgos suaves, sus ojos cansados, su pelo
cano atado en un perfecto moño, su vestido negro,
su mandil de cuadros...y entonces, inevitablemente,
es cuando surge la pregunta:
¿Y qué hay en mí de todo esto?, ¿qué hay de ti en mí?
De fuera adentro y desde dentro, he volcado en este
trabajo mi universo más íntimo y querido. En este
recorrido visual en femenino, a través de mi familia
y experiencia, desarrollo un álbum fotográfico que
transciende lo concreto, que rebasa fronteras consanguíneas,
culturales y cronológicas, que se adentra
en el día a día de una generación de mujeres
nacidas en la posguerra.
Basado en el poder de evocación de la fotografía y
la fuerza de lo sentido, recorro con mi cámara los
rincones de un mundo que es, simultáneamente, origen
y tránsito: la casa, la limpieza, el marido, la hija,
la misa, la cocina, el cotilleo, el folclore, la tradición,
la cruz...y, también un pensamiento que flota
en el aire: cuan diferente sería la vida si se tuviera
otra oportunidad, sabiendo lo que ya se sabe.
¿Serán nuestros pecados1 los mismos que ellas cometieron?,
¿Serán los pecados1 de nuestras hijas los
mismos que aquellas y nosotras cometimos?
Una historia familiar abreviada que corresponde a
un lugar cualquiera: Andalucía; a una familia indistinta:
la mía; a unas mujeres entre tantas: mi abuela,
mi madre, mis tías; y a una cuestión concreta: ¿Qué
queda en mí de todas ellas?, ¿Qué quedará en las
hijas que vengan?
Más allá de la época y generación que ocupemos,
mi propósito, es que esas preguntas latentes, suspendidas
en las fotografías de mis Legados, sean
respondidas por cada uno. Por ello, lanzo las imágenes
al aire y en su verdor, para que calen y maduren
en los ojos de quien las contemple. Y lo hago,
precisamente, ahora que he comprendido que aquel
tiempo que parecía que iba a durar siempre, no es
eterno.
Susana Girón
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