Cristina Zelich: Paisajes efímeros

¿Cúando y donde?

Del 4/6/2010 al 30/6/2010

AFCN

El autor: Cristina Zelich Barcelona , 1954

Vive y trabaja en Salamanca desde 1994. Empezó a fotografiar a finales de los años setenta, publicando sus reportajes en revistas como Cuadernos para la Educación y Opción. Pronto abandonó la práctica del reportaje para utilizar la cámara como un medio con el que ahondar en el conocimiento y análisis del entorno, tanto físico como humano. Ha compaginado su trabajo personal como fotógrafa con la crítica y el comisariado de exposiciones para distintas instituciones.

A pesar de llevar varios años sin exponer sus trabajos, no ha dejado, por ello, de desarrollar su obra personal que, desde que se trasladó a Salamanca, ha estado centrada en el análisis y la representación del territorio castellano-leonés. Sus últimos trabajos son: La Aldehuela, Paisajes de la colonización, Servidumbre de tránsito y Paisajes efímeros.

EXPOSICIONES INDIVIDUALES

  • 1989. Galería Menotti, Milán, Italia.
  • 1992. Galería Kayua, Zarauz (País Vasco).

EXPOSICIONES COLECTIVAS

  • 1988. Policromática, Bassano, Italia.
  • 1992. Arthur Cravan, un lleidatà universal. Palau de la Virreina, Barcelona.
  • 1993. 17 Autores. La Tecla Sala, L’Hospitalet, Barcelona.
  • 1993. Voyage Imaginaire, Mai de la Photo, Reims, Francia.
  • 1997. Desde mi ventana, Rayloswky, Valencia.
  • 1997. El Álbum: cuando la mirada acaricia, Sala de Exposiciones del Canal de Isabel II, Madrid.
  • 1997. Paisaje interior (con Javier Ayarza y Santiago Santos), Junta de Castilla y León, itinerante por Castilla y León.

PUBLICACIONES

  • Catálogo de la exposición Arthur Cravan, un lleidatà universal, Barcelona, 1992.
  • Catálogo de la exposición 17 Autores, L’Hospitalet, Barcelona, 1993.
  • Catálogo de la exposición Voyage Imaginaire, Reims, Francia, 1993.
  • Catálogo de la exposición Desde mi ventana, Valencia, 1997.
  • Catálogo de la exposición Paisaje Interior, Junta de Castilla y León, Valladolid, 1997.

OTRAS PUBLICACIONES

  • Guía de las aguas de Castilla y León, Caja Duero, Salamanca, 2009 (Fotografías y textos de Cristina Zelich).

La obra: Paisajes efímeros

La mirada que Cristina Zelich proyecta sobre el paisaje no es una mirada inocente. Su fotografía plantea un peculiar y personal acercamiento al territorio que documenta. La naturaleza que nos muestran sus imágenes es una naturaleza en constante proceso de transformación. Los elementos propios de la intervención humana que salpican el paisaje fotografiado nos hacen desechar de entrada una visión romántica e idílica del territorio representado. Nos encontramos así ante una encrucijada donde ya no sabemos interpretar a ciencia cierta si es el espacio natural el que invade al espacio urbano (puesto que estas fotos nos muestran de forma habitual las zonas periféricas de la gran ciudad), o bien, si nos encontramos ante los vestigios de la insaciable invasión humana, empeñada en transformar y dominar irracionalmente el paisaje, aunque éste se resista a desaparecer como naturaleza en estado puro. La larga tradición con la que entronca la autora remite al uso sistemático del que ha venido siendo objeto la fotografía como herramienta excepcional para documentar el territorio. Pero, a diferencia del uso que podría darle un topógrafo, un geógrafo o un urbanista a estos documentos fotográficos, la perspectiva que nos propone Cristina no busca una utilidad práctica inmediata, sino más bien un posicionamiento estético ante el mundo. Nos muestra invariablemente lugares en estado de semiabandono, donde la presencia humana a veces es ostensible dentro del paisaje aunque, en otros muchos casos, sólo es palpable a través de las huellas o las marcas de su actividad dejadas en el territorio. Sin embargo, frecuentemente esas huellas muestran el deterioro del que ellas mismas han sido objeto, o bien dan fe de las intervenciones posteriores que sobre ese mismo territorio se han ido superponiendo, como un paisaje en constante construcción. En una vanitas paisajística singular, Cristina evidencia lo efímero y fútil que resulta cualquier esfuerzo humano por perpetuar sus huellas y surcos profundos trazados sobre el territorio. Al final, la naturaleza siempre termina por abrirse paso y por desbordar los límites artificiales impuestos a la fuerza por el ser humano. Así lo demuestran los vallados provisionales y desvencijados, las verjas derribadas, las flores de invernadero (a la espera de ser transplantadas), los senderos poco transitados a punto de borrarse, las construcciones deshabitadas, deterioradas y hace tiempo abandonadas.

El sobrecogimiento que provocan esos lugares semiabandonados en las fotografías de Cristina Zelich es producto de lo que los filósofos del S. XVIII definieron como la “experiencia de lo sublime”. Si lo sublime provocaba en el romanticismo un desbordamiento emocional ante la contemplación de lo ilimitado de la naturaleza, aquí nos encontramos ante territorios intermedios donde lo natural y lo artificial se dan la mano. Precisamente, pensadores como Edmund Burke o Inmanuel Kant describieron dos tipos de experiencia sublime: por un lado, estaría lo “sublime natural” (producido por la contemplación directa de la naturaleza ilimitada) y, por otro, lo “sublime artificial” (cuando se produce la evocación interpretativa de ese estado de desbordamiento al contemplar una obra de arte).

En el caso de las fotos de Cristina nos encontramos ante una recreación híbrida de ambos tipos de experiencia sublime. Lo sobrecogedor de su paisaje se sitúa en esos territorios indefinidos (entre lo natural y lo cultural). Sometidos invariablemente al capricho humano, estos territorios no se resignan y luchan silenciosamente en la imagen por mantener su identidad como paisajes vírgenes. Esos espacios intermedios, recreados a fuerza de trasiego humano, se encuentran precisamente en esa tierra de nadie, donde el paisaje natural es utilizado para definir los bordes difusos donde termina la ciudad. Y, a su vez, es allí donde la ciudad acaba muriendo inexorablemente. Allí deja paso dócilmente a la naturaleza para rendirse ante la presencia de un paisaje agreste que muestra signos inequívocos de su instinto indomable.


José Gómez Isla

Cristina Zelich